1 kg de piezas de pollo (muslos, piernas o pechuga), cortadas en trozos
500 g de tomatillos, lavados y sin cáscara
1/4 de cebolla blanca
2 dientes de ajo
2–3 chiles serranos (ajusta al gusto)
1/2 manojo de cilantro fresco, lavado
2 cucharadas de aceite vegetal
Sal al gusto
Agua o caldo de pollo (opcional, para ajustar consistencia)
Instructions
Lava y desvena los chiles serranos. Si prefieres menos picante, retira las semillas y venas.
En una olla, hierve los tomatillos, cebolla, ajo y chiles serranos hasta que los tomatillos cambien de color y estén suaves (aproximadamente 10-15 minutos).
Escurre los vegetales cocidos y colócalos en la licuadora. Agrega un poco del agua de cocción (solo lo suficiente para ayudar a licuar) y cilantro fresco. Licúa hasta obtener una salsa tersa.
En una sartén grande o cazuela, calienta el aceite a fuego medio. Fríe la salsa verde licuada durante unos 5 minutos, revolviendo ocasionalmente, hasta que espese ligeramente y cambie de color.
Agrega las piezas de pollo a la salsa verde. Sazona con sal al gusto.
Tapa la sartén y cocina a fuego bajo durante 20-25 minutos, o hasta que el pollo esté bien cocido y tierno. Si la salsa se seca demasiado, puedes añadir un poco más de agua de cocción o caldo de pollo.
Sirve caliente, acompañado de arroz blanco y tortillas de maíz.
Notes
Puedes usar pollo entero cortado en piezas o solo las partes que prefieras.
Si no encuentras chiles serranos, puedes usar jalapeños, pero el sabor será ligeramente diferente.
Para una versión más suave, puedes usar menos chiles o incluso pimientos poblanos asados y sin piel.
Esta salsa también es deliciosa con cerdo o pescado.